¿Triunfar para ser santos?

¿Los miembros del Opus Dei tienen el deber de destacar en el trabajo, de ser los mejores? ¿Es necesario triunfar para ser santos?

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Sucede más bien lo contrario: hacerse santos es el único triunfo que importa de veras para la vida eterna. Y como esto equivale a identificarse cada día más con Cristo —a pesar de las debilidades de cada uno, siempre que se procure combatirlas—, se descubre la gran responsabilidad que tenemos ante el mundo: nos importa seriamente lo que sucede a nuestro alrededor, y deseamos contribuir, en la medida de lo posible, a mejorarlo. La perfección humana es una componente importante del trabajo cristiano. Pero eso no significa ni perfeccionismo ni búsqueda del éxito por el éxito. Significa trabajar bien, ser generosos, ponerse de verdad al servicio de los demás. El éxito no es la cima de las aspiraciones personales: lo que da valor a la propia vida es algo muy distinto.

Michele Brambilla, Revista Tracce (Italia), febrero de 1997. Un aspecto que caracteriza al Opus Dei es la santificación del trabajo profesional. ¿Cómo hay que entender esta realidad? ¿No hay peligro de excederse en la dedicación al trabajo?

Sí, ese peligro existe. Por desgracia, en el mundo actual hay personas que no encuentran trabajo y, a la vez, hay también muchos que quizá trabajan más horas de las que sería conveniente. Lo hacen para sobrevivir o por un afán desmedido de éxito personal. Es penoso ver, por ejemplo, que hay gente a la que no le importa descuidar sus obligaciones familiares para poder contar con una jornada laboral de doce o catorce horas.

El trabajo no es un fin, sino un medio: el fin es Dios. Por eso, santificar el trabajo no significa tener éxito, sino acercarse a Dios por medio del trabajo, sea éste humilde o brillante.

Dios nos ha puesto en el mundo para que trabajemos, como se lee en el libro del Génesis. Santificar el trabajo es, en primer lugar, trabajar con amor, es decir, trabajar para dar gloria a Dios y para servir a los demás. Un trabajo egoísta, por muy perfecto que se técnicamente y por muchas horas de esfuerzo que haya requerido, no es un trabajo que se pueda santificar.

Diário do Minho (Braga, Portugal), 2 de octubre de 2000.