“Tengo el trabajo más maravilloso del mundo: enseñar a vivir”

El teléfono móvil de Carmen suena con frecuencia. Descuelga con una sonrisa desplegada en el rostro, un gesto habitual en ella. Es maestra en Andalucía y lleva toda una vida dedicándose a la formación de alumnos y alumnas entre 6 y 14 años en la enseñanza pública.

Carmen anima a usar palabras mágicas como “por favor” y “gracias” porque está convencida de que educar no consiste sólo en transmitir conocimientos, sino en enseñar a vivir. Entiende que el verdadero progreso consiste en sembrar en todos el deseo de ser mejor persona, y es lo que trata de practicar dentro y fuera del aula. 

Agradece haberse encontrado con el Opus Dei tempranamente en su vida y la formación humana y cristiana que ha recibido ahí, pues “afianzó mi personalidad, la educación adquirida en mi familia, y me lanzó con paso seguro en el mundo profesional”.

Carmen es profesora en una escuela pública

Un día como el de tantos otros maestros de Primaria y Secundaria, Carmen llega al colegio. Saluda a los padres, madres o compañeros que se encuentra de camino hacia el aula. Durante el recreo –aunque no le toque vigilar ese día– no pierde detalle de lo que ocurre en el patio: “Ahí observas al alumno desde otro punto de vista, y le puedes ayudar y atender. Desmontas muchas cosas sin importancia que podrían dejarles heridos o enquistarse”.

Crear un clima de trabajo y respeto

Esta mujer que tiene a sus espaldas una vida dedicada a la enseñanza sabe que primero hay que practicar lo que se dice a los alumnos: “Ir por delante es una buena práctica, según el proyecto educativo que queramos conseguir. Si al niño le dices que no grite, no puedes gritarle tú; y si les pides puntualidad, no puedes llegar tarde, o si alguna vez llegas, es importante pedirles perdón”.

En esta tarea siempre ha procurado involucrar a los padres “brindándoles mi amistad y mi tiempo, y explicándoles mi proyecto de educación, desde la primera reunión con ellos. Distingo lo que es información y lo que es educación. Les hago saber que sus hijos vienen al cole a ser mejores personas; si no, hemos fracasado”.

“El Opus Dei afianzó mi personalidad, la educación adquirida en mi familia, y me lanzó con paso seguro en el mundo profesional”

Junto a las mates y la lengua, inglés y gimnasia, en la tarea educativa es imprescindible “la constancia y crear un clima de trabajo y respeto, hasta que los mismos alumnos descubren las ventajas de trabajar así, aprenden más, están más a gusto”. ¿Cómo conseguir esto? “Implicando a los niños en mis metas; les hago propuestas que no están cerradas, y les invito a asumirlas. Hago notar que la virtud social por excelencia es el diálogo”.

Un pequeño porta fotos muy especial

Diálogo con los padres, con los profesores, con los alumnos, para ir todos a una. Diálogo que implica apertura a los puntos de vista de los demás. “El Opus Dei me ha ayudado mucho en mi vida, en primer lugar, a ver el lado positivo de las cosas y a escuchar. También a amar a cada persona en sí misma”.

“Ir por delante es una buena práctica, según el proyecto educativo que queramos conseguir. Si al niño le dices que no grite, no puedes gritarle tú”

Eso implica dedicación a todos, también a los alumnos difíciles. “Tuve un alumno que provenía de una familia desestructurada y tenía muchas necesidades afectivas. Creaba problemas constantemente en el aula y fuera de ella. Pedí ayuda e impliqué a todo el claustro y al consejo escolar, y me apoyaron en mi tarea. Empezamos a ver algunos progresos en su socialización: jugaba con los otros y respetaba las normas del juego, comenzó a sentirse querido por sus compañeros… Íbamos ganando terreno. Al regresar de unas vacaciones me regaló un pequeño porta fotos donde estaba impreso: «Gracias por tu amistad»”.

La historia tuvo un final repentino; el niño dejó de ir al colegio. “Yo sabía que no iba a cambiar a este alumno, pero tengo la tranquilidad de que siempre le tendí la mano. Este niño hizo mucho bien a toda su clase, porque ayudó a los alumnos a valorar todo lo que ellos tenían y su compañero no. Les hizo madurar como personas y preocuparse por el otro. Eso fue lo que sus compañeros se llevaron, y de otra manera no se habría podido conseguir”.

Proyecto de mejora de la escuela pública

Se ve que Carmen no entiende de fracasos. Valora sus años de profesión con una sonrisa: “Sólo lamento no haber sabido hacerlo mejor al principio, por mi falta de experiencia”. Está enamorada de una profesión, que “ha desarrollado en mí la capacidad de servir y de amar”.

“En la Escuela Pública hay un material humano –por decirlo así– muy bueno y valioso entre los profesores. Pero algo desencantado porque el sistema educativo lo propicia”

Apuesta decididamente por la enseñanza pública en la que siempre ha estado: “Hay un material humano –por decirlo así– muy bueno y valioso entre los profesores. Pero algo desencantado porque el sistema educativo lo propicia; hay un exceso de burocracia, se apoya poco la autoridad del profesor... Estoy trabajando en un proyecto de mejora de la escuela pública; intento inyectar oxígeno para motivar a otros compañeros. Es posible y esto cambiará”, afirma.