«Dios se nos revela como amor gratuito»

Francisco explicó por qué la magia es incompatible con la fe. Recordó que en el libro de los Hechos de los Apóstoles se muestra que “Dios no se da a conocer a través de prácticas ocultas, sino que se nos revela como amor gratuito”. Explicó que el amor fue el elemento principal de la Evangelización.

De la Iglesia y del Papa

Seguimos nuestra catequesis sobre el libro de los Hechos de los Apóstoles. Hoy contemplamos a Pablo en Éfeso y Mileto, en los momentos finales de su apostolado en Asia menor.

En ese tiempo, el testimonio de Pablo hizo presente a Jesús en medio de su pueblo, comunicando la vida nueva que el mismo apóstol había recibido. Los prodigios y la efusión del Espíritu a través de los sacramentos manifestaban la fuerza salvífica del Evangelio.

Quien elige a Cristo se abandona confiado en las manos de Dios

Con tales portentos, Dios desenmascaró a los que querían usar el nombre de Jesús para el propio provecho, mostrando al pueblo la debilidad de las artes mágicas. Muchos abrazaron la fe y repudiaron tales prácticas. Los fabricantes de ídolos se sintieron amenazados y reaccionaron violentamente contra Pablo, pero sus denuncias no fueron acogidas.

El mensaje es claro: la magia es incompatible con la fe; Dios no se da a conocer a través de las prácticas ocultas, sino que se nos revela como amor gratuito. Quien elige a Cristo se abandona confiado en las manos de Dios.

Pidamos al Señor un renovado amor por la Iglesia

En Mileto, Pablo pronunció un discurso de despedida a los ancianos venidos de Éfeso. En sus palabras, destacaba que el servicio humilde y desinteresado fue una pauta durante todo su ministerio y que se abandonaba al Espíritu Santo que lo conducía a Jerusalén, para ser probado. A los ancianos les confió la grey redimida con la sangre de Cristo, amonestándolos sobre su misión de custodios. Para esta tarea, los encomendó a Dios y a su palabra de gracia, fermento de desarrollo y de santidad en la Iglesia, y, por último los invitaba a trabajar para no ser de peso a nadie.


Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, venidos de España y de Latinoamérica. Pidamos al Señor un renovado amor por la Iglesia tomando conciencia de nuestra responsabilidad ante nuestros hermanos, y rezando además por los pastores, para que revelen la firmeza y la ternura del Buen Pastor. Que Dios los bendiga a todos.

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