Jóvenes alemanes reparan una escuela en Nicaragua

¿Qué joven de veinte años consigue dinero de su propio bolsillo para renovar una escuela en Centroamérica? No todo el mundo está dispuesto a trabajar y sudar la gota gorda bajo 35 grados a la sombra, mientras los turistas se bañan a tan sólo dos kilómetros, en el Pacífico. 5 de septiembre del 2000

Wolfgang, Martin, Bruno, Thomas y Tony, de Colonia; Ralf y Gerd de Overath-Marialinden, acaban de regresar de Nicaragua junto con otro par de amigos. Todos ellos, estudiantes o jóvenes profesionales, han pasado tres semanas trabajando para reparar una escuela de primera enseñanza, mano a mano con algunos jóvenes de un pueblo cercano a la capital.

Han enyesado y pintado las paredes, lijado y pintado puertas y ventanas, instalado verjas; han comprado veinticinco pupitres y construido dos letrinas. En Diriamba, un pequeño pueblo de pescadores a 80 kilómetros al sur de Managua, falta prácticamente de todo: las casas, muy sencillas, carecen de cuarto de baño, muchas de luz eléctrica, y el agua la tienen que ir a buscar a la única fuente que hay en el pueblo. Y a pesar de que esas gentes tienen tan poco, su hospitalidad es muy grande.

Extranjeros que trabajan

"Todos nos estaban agradecidísimos - comenta Gerd Schmitz- una familia nos llegó a invitar a comer, y para ello el padre tuvo que trabajar el domingo". Thomas Doller, ingeniero en la empresa Ford, explica que "los habitantes del pueblo decían que era la primera vez que veían extranjeros que iban allí para trabajar. Hasta ahora todos habían estado sólo de vacaciones".

Esas peculiares vacaciones han dejado más de lo que parece en los jóvenes participantes. "De esta manera, -dice Stefan- se llega a conocer mucho mejor a los habitantes del país. Trabajas junto a ellos y te das cuenta de cómo viven y qué preocupaciones tienen".

Estos alemanes no sólo se han costeado el viaje, alquileres y estancia. Una buena parte del material de construcción y del dinero para la reparación de la escuela ha salido de sus propios bolsillos, o lo han conseguido con la colaboración de parientes y amigos. Además han contado con la ayuda económica del Ministerio para la juventud y de la "Pontificia obra misionera para los niños".

La sonrisa de esos niños

La idea de estas peculiares vacaciones proviene de Martin Klein, ingeniero y director de la residencia de estudiantes Schweidt, en Colonia, quien hace seis años viajó por primera vez a Guatemala con una docena de jóvenes para un proyecto parecido.

Martin participó hace unos años en un seminario sobre ayuda al desarrollo organizado por algunos fieles del Opus Dei. Allí se enteró que estudiantes de otros países de Europa acudían en verano a Centroamérica a echar una mano en diversos proyectos sociales. De regreso a Colonia preguntó en la residencia quién estaba dispuesto a ese tipo de vacaciones.

La respuesta es que una docena de jóvenes entre 18 y 25 años han marchado allí cada año. Ya saben que con eso no van a cambiar el mundo, pero al menos puede ser más agradable para esos cien niños del preescolar de Diriamba ir a clase a una escuela en condiciones. Martin y sus acompañantes siguen considerando que la experiencia vale la pena, y que se llevan más de lo que dejan. Lo decía Markus: "es toda una experiencia. Hay veces que estás cansado de tanto trabajo bajo el sol, pero la sonrisa y la alegría de esos niños nicaragüenses que te circundan te impulsa a continuar esforzándote".

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