Una historia de San Josemaría en la Semana Santa de Sevilla

Es de sobra conocida la devoción que tenía el fundador del Opus Dei a Nuestra Señora. Lo predicó ciertamente sin descanso en sus escritos, pero, sobre todo, con el ejemplo de su vida de hijo enamorado. A este respecto, el propio San Josemaría contaba en ocasiones una anécdota ocurrida en la Semana Santa de Sevilla en el año 1945, cuando varios hijos suyos le acompañaron a ver las procesiones.

Opus Dei - Una historia de San Josemaría en la Semana Santa de SevillaFotos: Roberto García.

Sucedió en la noche del 27 o en la del 28 de marzo de 1945, Martes Santo y Miércoles Santo de ese año respectivamente, cuando San Josemaría estuvo en Sevilla para, entre otras cosas, ultimar las gestiones encaminadas a establecer una residencia de universitarios que fue el primer centro del Opus Dei en la ciudad.

Llegaron a Sevilla el día 27 por la noche y, después de cenar, salieron para Alcalá de Guadaira, en cuyo hotel Oromana se alojaron aquellos días. En la noche del miércoles 28, tras visitar al Arzobispo, de nuevo después de la cena, algunos de los miembros del Opus Dei que vivían en Sevilla le propusieron salir a ver algunas procesiones y poder así participar de esa tradición tan propia de esta tierra, a lo que accedió.

“Hace muchos años, casi treinta, vine a Sevilla por Semana Santa. Salí a la calle cuando ya andaban las cofradías por ahí... Y cuando vi toda aquella gente, aquellos piadosos hombres que iban en las procesiones acompañando a la Virgen, pensé: esto es penitencia, esto es amor”

Como posteriormente explicaría el santo en una tertulia en 1972 en el Colegio Mayor Guadaira de Sevilla, en aquel primer encuentro suyo con las procesiones de la ciudad, ocurrió algo muy significativo:

«Hace muchos años, casi treinta, vine a Sevilla por Semana Santa. Salí a la calle cuando ya andaban las cofradías por ahí... Y cuando vi toda aquella gente, aquellos piadosos hombres que iban en las procesiones acompañando a la Virgen, pensé: esto es penitencia, esto es amor. Era muy hermoso. Luego, cuando vi... no sé qué paso era, no recuerdo qué imagen de la Virgen... Lo de menos eran las joyas, las luces... Lo importante era el amor, las saetas, los piropos: ¡todo! Estaba allí mirándola, y me puse a hacer oración... Me fui a la luna. Viendo aquella imagen de la Virgen tan preciosa, ni me daba cuenta de que estaba en Sevilla, ni en la calle. Y alguien me tocó así, en el hombro. Me volví y encontré un hombre del pueblo, que me dijo:

—Padre cura, ésta no vale “ná”; ¡la nuestra es la que vale!
De primera intención casi me pareció una blasfemia. Después pensé: tiene razón; cuando yo enseño retratos de mi madre, aunque me gusten todos, también digo: este, este es el bueno»
.1

Aquella manifestación popular de fe y de piedad caló en el alma del joven sacerdote, quien al instante comenzó a hacer una oración profunda, mientras contemplaba la imagen de la Virgen en un paso de palio. Tuvo que ser un hombre del que se nos habla en la anécdota quien le sacara de ese estado con su comentario algo precipitado, pero lleno de sincera piedad. En un primer momento, al oír dicha exclamación, al Fundador del Opus Dei le pareció casi una ofensa a Dios. Pero, recapacitando, se dio cuenta de que se trataba únicamente de una manifestación de cariño sincero y sencillo a la Virgen: como aquel hombre, canalizamos nuestro amor a María a través de sus bellísimas imágenes, y es lógico que algunas de ellas –según nuestros gustos o nuestra forma de ser-, nos atraigan particularmente a la devoción: “¡Este es el bueno!”.

Por los testimonios que se conservan de aquellos días pasados en la capital hispalense, podemos reconstruir en parte los movimientos del Fundador y seguir un poco sus huellas.

Por los testimonios que se conservan de aquellos días pasados en la capital hispalense, podemos reconstruir en parte los movimientos del Fundador y seguir un poco sus huellas. Por ejemplo, D. Vicente Rodríguez Casado recuerda que contempló junto a San Josemaría una procesión, casi con total seguridad la Candelaria, a su paso por los Jardines de Murillo. También, gracias al testimonio de Alberto Martínez Fausset2, sabemos que el miércoles por la noche vieron, entre otras, la Hermandad del Baratillo, probablemente ya de vuelta a su templo por la zona del Arco del Postigo y el Barrio del Arenal.

Estas hermandades y cofradías son una muestra de la piedad del pueblo, que manifiesta su amor a Cristo y a su Madre, mediante la contemplación de su Pasión, de su muerte redentora en la Cruz. Tienen sus orígenes en el siglo XIII, cuando, gracias a la orden de los franciscanos, se produce un florecimiento de la contemplación del misterio de la Humanidad Santísima de Cristo, que resalta que Cristo es verdadero hombre además de verdadero Dios y modelo del “hombre perfecto” (Ef 4 1, 13), que debe imitar el cristiano. Asimismo, a la oración se incorporan prácticas penitenciales públicas durante las procesiones.

Este encuentro con la fe y las costumbres religiosas de los sevillanos fue una oportunidad para San Josemaría para dirigir el corazón al Cielo, para detenerse en diálogo de enamorado con Santa María

Posteriormente, dichas cofradías se enriquecen con la relevancia que otorgó el Concilio de Trento a la veneración de las imágenes sagradas para mover a devoción, incorporando tallas que representan escenas de la Pasión en sus desfiles. En Sevilla, este proceso comienza con los Via Crucis a la Cruz del Campo que realizaban cofradías como la Vera Cruz y culmina en el Barroco cuando en 1604 el Cardenal Niño de Guevara dicta las normas para el decoroso y ordenado desarrollo de las muchas procesiones que tenían lugar en la ciudad, obligando a todas a pasar por la Catedral (lo que se conoce como realizar estación de penitencia) y dando origen a la actual carrera oficial (recorrido común por las calles del centro) y sentando las bases de la Semana Santa sevillana que hoy disfrutamos.

Este encuentro con la fe y las costumbres religiosas de los sevillanos fue una oportunidad para San Josemaría para dirigir el corazón al Cielo, para detenerse en diálogo de enamorado con Santa María. Años más tarde, en una tertulia durante una visita a la ciudad, diría: He venido a Sevilla una vez más a aprender a amar a la Virgen. Yo no vengo a enseñar, vengo a aprender siempre.3 No en vano, Andalucía ha sido llamada tradicionalmente la tierra de María Santísima. En las no muchas veces que fue a Sevilla, san Josemaría acudió a rezar ante la Virgen de los Reyes. El 1 de octubre de 1968 dijo que deseaba ir a rezar en Sevilla ante imágenes que tuviesen gran devoción popular y le llevaron a la Macarena y la Esperanza de Triana. Disfrutaba viendo el amor de la ciudad hacia la Madre de Dios. Comenta Lorenzo Martín Nieto, que en una ocasión le oyó exclamar: ¡Qué maravilla poder saludarla y decirle piropos en tantos retablos e imágenes suyas repartidas por calles y plazas!4

Una piedad bien vivida y canalizada a través de esta manifestación de fe y cultura tan bella puede ser un acicate para la conversión personal

Una piedad bien vivida y canalizada a través de esta manifestación de fe y cultura tan bella puede ser un acicate para la conversión personal, para decidirse a dar un paso más en el seguimiento del Señor, para atreverse a amar más. Como dijo el Papa Francisco con ocasión de la Jornada de las Cofradías y la Piedad Popular el 5 de mayo de 2013: “Acudid siempre a Cristo, fuente inagotable, reforzad vuestra fe, cuidando la formación espiritual, la oración personal y comunitaria, la liturgia. A lo largo de los siglos, las Hermandades han sido fragua de santidad de muchos que han vivido con sencillez una relación intensa con el Señor. Caminad con decisión hacia la santidad; no os conforméis con una vida cristiana mediocre, sino que vuestra pertenencia sea un estímulo, ante todo para vosotros, para amar más a Jesucristo”5.

Transcribimos las últimas palabras de San Josemaría en una tertulia con sus hijos sevillanos, un guiño a esa tierra tan querida: “Porque amo todas las imágenes de la Virgen… ¡especialmente las sevillanas!”.

Guillermo Miguel Ruano y Joaquín Herrera Dávila


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1 Ana SASTRE, Tiempo de Caminar. Semblanza de Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, Madrid, Rialp, 1989, p. 312.

2 Folleto La Sevilla que vio San Josemaría, www.sanjosemariaensevila.com, Joaquín Herrera Dávila

3 Tertulia, Colegio Mayor Guadaira, Sevilla, 8 de noviembre de 1972

4 Testimonio Lorenzo Marín Nieto, AGP.

5 Santa Misa en ocasión de la Jornada de las Cofradías y de la Piedad Popular, Homilía del Santo Padre Francisco, VI domingo de Pascua, 5 de mayo de 2013.