José María Pagola, el llamado 'médico de los pobres'

Noticia publicada en Diario Vasco sobre el aniversario del fallecimiento de José María Pagola, un médico que atendió las enfermedades, aconsejó y ayudó a todo tipo de personas, tuvieran o no recursos económicos. Miembro del Opus Dei, tuvo seis hijos y murió a los 42 años de un cáncer de páncreas.

Opus Dei - José María Pagola, el llamado 'médico de los pobres'El féretro con los restos mortales de Pagola sale de la catedral del Buen Pastor tras el funeral. Diario Vasco.

Diario Vasco Se cumplen 60 años de la muerte de José María Pagola, el llamado 'médico de los pobres' (Descarga en PDF)

Más información Diario Vasco 1959. El día en el que la ciudad perdió a un santo | Studia et Documenta Fuentes para la historia de la Academia y de la Residencia DYA (PDF)


Se cumplen hoy 60 años del fallecimiento de José María Pagola, joven doctor, que dedicó su vida a atender, aconsejar y ayudar a todo tipo de personas, lo que le otorgó el calificativo popular de 'médico de los pobres'. Una muchedumbre acudió a su funeral celebrado en la catedral del Buen Pastor y participó después en la comitiva fúnebre.

Pagola nació el 27 de septiembre de 1916 en Hernani en el seno de una familia numerosa de profundas raíces católicas. Su padre era catedrático de piano y composición en el conservatorio municipal de San Sebastián, ciudad en la que terminó instalándose con su familia. Estudió medicina en Madrid y allí conoció a Josemaría Escrivá de Balaguer, un encuentro que marcó su vida dado que en 1953 pediría su admisión como supernumerario del Opus Dei.

Se convirtió en un médico prestigioso, que contaba con una amplia clientela a la que atendía en su consulta

Su ejercicio profesional comenzó atendiendo a gente humilde del Puerto, trabajó en un dispensario antituberculoso y en el Seguro de Enfermedad, primero en Pasajes y después en San Sebastián. En 1945 conoció a Pilar Lagarde y dos años después se casó con ella y tuvieron seis hijos. Con el paso del tiempo se convirtió en un médico prestigioso, que contaba con una amplia clientela a la que atendía en su consulta, ubicada en su casa de la calle Urbieta, y en el dispensario de Villa Cristeta (Ategorrieta), donde daba tratamiento a los enfermos sin recursos.

Pagola se desplazaba a menudo a visitar a los pacientes a sus domicilios, donde no solo se ocupaba de sus padecimientos físicos sino de sus problemas cotidianos y no era extraño que no solo no cobrara por sus servicios sino que discretamente dejara dinero debajo de la almohada de los que se encontraban en peor situación económica.

La escucha paciente, la sonrisa cómplice o el abrazo de ánimo

En una época de limitaciones de todo género y penurias mil, el paciente que se acercaba a su consulta sabía que el principal medicamento que recibiría no sería el fijado en una receta sino el de la escucha paciente, la sonrisa cómplice o el abrazo de ánimo. Pagola era un médico no sujeto a la burocracia ni a los horarios, que se preocupaba por el dolor sin reparar en cartillas, seguros médicos o si era de noche o de día.

Además de a las personas con menos recursos, ayudó y acompañó como médico a los enfermos durante su trayecto a Lourdes en el tren de la esperanza. Su vocación cristiana le llevó a mostrar un gran empeño en armonizar sus obligaciones profesionales y las familiares.

Su vocación cristiana le llevó a mostrar un gran empeño en armonizar sus obligaciones profesionales y las familiares

En la primavera de 1958 se abrió la página del dolor en su vida. Lo que pareció, en principio, una úlcera que le llevó a padecer fuertes dolores lumbares derivó finalmente en un cuadro de tuberculosis o cáncer de páncreas. Como para lo segundo no había tratamiento le enyesaron el cuerpo para afrontar la primera de las enfermedades, lo que le provocó numerosos sufrimientos.

El 27 de marzo de 1959, Viernes Santo, al ver las tumoraciones que presentaba en diversas partes del cuerpo le diagnosticaron un cáncer de páncreas con metástasis en el hígado, una enfermedad incurable que le llevó a la muerte el 6 de junio. Falleció con fama de santidad entre la población, según testimonio de la prensa de la época. La catedral del Buen Pastor se quedó pequeña para dar cabida a los cientos de ciudadanos que quisieron decirle adiós.