Hace 30 años fallecía Guadalupe Ortiz de Landázuri

La vida de Guadalupe Ortiz de Landázuri mantuvo siempre una meta clara: buscar la santidad en medio de las ocupaciones ordinarias. Con ocasión del 30 aniversario de su muerte, el 16 de julio de 1975, reproducimos el artículo "Guadalupe Ortiz de Landázuri, sierva de Dios", publicado en Noroeste (Culiacán, México).

La vida de Guadalupe Ortiz de Landázuri, desde el 19 de marzo de 1944, fecha que se incorporó al Opus Dei, mantuvo siempre una mente clara, santificarse en medio de las circunstancias ordinarias de su trabajo, relaciones familiares y sociales, como afirmaba san Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador de la Obra.

Terminados los estudios en Ciencias Químicas y tras pocos años de experiencia docente, trabajó como primera directora de la Residencia Universitaria Zurbarán, que abrió sus puertas en octubre de 1947. Su carácter optimista y comunicativo contribuyó a lograr un ambiente cordial, en el que cada estudiante se sentía apoyada y querida.

Desde 1968 Zurbarán se convirtió en un Colegio Mayor adscrito a la Universidad Complutense.

SU TRASLADO A MEXICO

En 1950, Guadalupe se trasladó a vivir a México para colaborar en los inicios del Opus Dei. Su experiencia, fe y alegría fueron decisivas en la puesta en marcha de la Residencia Universitaria Copenhague, que pronto sería un foco activo, desde el que se impulsaron diversas iniciativas de carácter académico, formación cristiana y de asistencia a los más necesitados. Había aprendido de Josemaría Escrivá de Balaguer que la única ambición, el único deseo del Opus Dei y de cada uno de sus hijos es servir a la Iglesia.

Cuando llegó a México, visitó al cardenal primado Luis María Martínez y conoció a los obispos de Toluca y Tacámbaro, cuyas sobrinas vivieron en Copenhague. Monseñor Abraham Martínez, obispo de Tacámbaro, encontró en ella y en las demás personas de la residencia, una eficaz ayuda en la promoción de jóvenes de las zonas rurales de su diócesis que, en aquellos momentos, tenían escasa posibilidad de mejorar su nivel de instrucción.

LAS PRIMERAS ACTIVIDADES EN MONTEFALCO

Cuando una familia amiga puso a disposición de las iniciativas apostólicas del Opus Dei la antigua hacienda de Montefalco, en Morelos, abandonada tras la Revolución de 1910, Guadalupe comenzó allí las primeras actividades.

Con esto hizo soñar a quienes la acompañaban con la labor de promoción social y humana, que se podría desarrollar con los habitantes de las poblaciones cercanas, una vez que se reconstruyera. Seis años después, en aquella finca empezaba a funcionar una gran escuela de telesecundaria, pionera en la zona. Con el paso del tiempo, además de bachillerato, en Montefalco se imparten cursos de magisterio y secretariado, y se ofrecen programas de orientación familiar y capacitación de adultos, además de cursos de asesoramiento para empresas familiares.

SU REGRESO A ESPAÑA

A su regreso a España y tras unos años en Roma, mientras ejercía su actividad profesional, realizó un intenso apostolado entre madres de familia y mujeres profesionistas. Guadalupe, quien vivió sólo 58 años, es un ejemplo atractivo de cómo encontrar y ayudar a muchas personas a buscar la plenitud de la vida cristiana en las circunstancias ordinarias.

La oración, ilusión profesional en el trabajo científico y fortaleza y alegría en la salud y en la enfermedad, han sido el camino para llegar al encuentro definitivo con Dios. Así, confirmó con su muerte, el 16 de julio de 1975, que el Opus Dei fue para ella alegría para vivir y alegría para morir.