Don Francesco Russo: "Guadalupe vivía una santidad ordinaria"

El director de la Oficina para las causas de los santos del Opus Dei, don Francesco Russo, en una entrevista a Radio Vaticana, comentó algunos aspectos de la vida de Guadalupe Ortiz de Landázuri y de su causa.

Opus Dei - Don Francesco Russo: "Guadalupe vivía una santidad ordinaria"

¿Cuál es el gran atractivo de la figura de Guadalupe?

Guadalupe es realmente una figura muy actual, muy atractiva porque era una persona normal que ha vivido su unión con el Señor, buscando desenvolverse con coherencia en todas las circunstancias de su vida. Nació en 1916. Su padre era militar, por lo que la familia tuvo que trasladarse varias veces por diversas ciudades de España. Incluso al África Septentrional, donde vivieron algunos años y donde Guadalupe hizo parte del colegio.

En Madrid, comenzó la carrera de Químicas. En aquella época no era frecuente que una mujer estudiara en la universidad, y menos una carrera de ciencias. De hecho, de los 60 estudiantes del primer año de su facultad, solo cinco eran mujeres. Al terminar sus estudios comenzó a dar clase en dos colegios de Madrid.

EN 1950 FUE UNA DE LAS TRES MUJERES DEL OPUS DEI QUE FUE A COMENZAR LAS ACTIVIDADES APOSTÓLICAS DE LA OBRA EN MÉXICO

En su vida hubo circunstancias alegres y dolorosas. Al comienzo de la guerra civil española en 1936, su padre fue arrestado y condenado a muerte. Guadalupe, que entonces tenía 20 años, estuvo con él toda la tarde anterior, confortándole y ayudándole. Su hermano recuerda como ella, siendo una chica joven, demostró una fortaleza de ánimo muy grande. Fue de gran ayuda no solo para su padre, sino para el resto de la familia.

Podemos decir que tenía un carácter enérgico…

Una de sus características principales desde joven era precisamente su carácter enérgico. A ella le gustaba mucho nadar, montar a caballo, hacer deporte. Todo esto le fue de gran ayuda cuando conoció el Opus Dei, al inicio de los años 40, y cuando entró a formar parte, ya que comenzó las actividades del Opus Dei en diversas ciudades.

En 1950 fue una de las tres mujeres del Opus Dei que fueron a comenzar las actividades apostólicas del Opus Dei en México. Fue una gran aventura, porque no había nada. Al comienzo la situación era muy precaria, de gran pobreza. Pero ella, después de pocos meses, logró abrir una residencia universitaria y varios años después transformó una hacienda agrícola abandonada, con ayuda de otras personas, en una escuela profesional de alfabetización y de ayuda para las jóvenes agricultoras de la zona.

En toda esta labor, Guadalupe actuó de acuerdo con el obispo de la zona, que la animó mucho y la sostuvo en esta iniciativa de evangelización y de promoción humana y social de las jóvenes de la zona. Fue un periodo intenso en su vida, porque iba a lugares perdidos como podía para hablar con las familias de las muchachas, explicarles cual era el proyecto educativo que tenía e invitarles a aprender una profesión para poder después mantenerse y mantener a su familia.

En 1958 volvió a España, donde retomó la docencia en la escuela. Concluyó su doctorado de investigación universitaria en Química con una tesis experimental en la que obtuvo no solo la máxima calificación, sino también un premio especial, porque era una tesis muy innovadora, donde estudió los materiales refractarios.

Una característica de su carácter era, por un lado, esta energía y fortaleza de ánimo, por otra su alegría, una alegría contagiosa. Una de sus amigas recordaba a Guadalupe siempre con una gran sonrisa.

Una alegría que no perderá ni siquiera cuando llegue la enfermedad de modo inesperado…

En 1956 fue a Roma porque san Josemaría le había llamado para formar parte del gobierno central del Opus Dei. Poco tiempo después tuvo una grave crisis cardiaca que la obligó a pasar por el quirófano para una operación con mucho riesgo. Afrontó ese momento con fortaleza de ánimo y con alegría, pero de esa operación ya no se recuperaría del todo. Durante los siguientes 15 años tuvo que convivir con una patología cardiaca que la debilitaba cada vez más. Se fatigaba fácilmente y debía evitar esfuerzos. A pesar de eso, todos recuerdan que continuaba a trabajar mucho, se ocupaba de los demás y estaba siempre alegre.

¿Cuál era el secreto de su alegría?

Era sin duda su unión con el Señor. Amaba tanto la Eucaristía que frecuentemente iba a rezar delante del sagrario. De allí sacaba toda la fuerza para afrontar sus obligaciones. También se apoyaba en el sentido de su filiación divina. Saberse hija de Dios llevaba a Guadalupe a fundamentar todas las virtudes cristianas en esa realidad de saberse amados por Dios.