Las pandemias de Germán

Así titulaba hace unos días el periódico La Rioja un reportaje sobre Germán. Supernumerario del Opus Dei, nació en 1918 y tras esquivar crisis sanitarias y guerras celebró sus 102 años derrotando al COVID-19.

Opus Dei - Las pandemias de GermánGermán, de pie en el centro, en la celebración de su centenario en un centro de la Obra de Logroño, hace dos años.

La Rioja Las pandemias de Germán

El diccionario de la Real Academia de la Lengua solo ofrece una definición para el término superviviente: 'Que sobrevive'. Demasiado obvia. Demasiado simple. Germán González sería una buena alternativa para dotar de más contenido a ese concepto. No es una hipérbole. A sus 102 (que pocos le echarían) se declara vencedor de dos pandemias y ha superado dos guerras mundiales, una Guerra Civil (en la que luchó) y tres ictus, el último de ellos ya como centenario.

Con el coronavirus no tuvo tanta suerte y se infectó. Pero es el virtual ganador de la batalla

De la primera pandemia, de la gripe española, no se acuerda. No porque la edad haya hecho mella en su memoria, explican sus hijos, sino porque era tan pequeño que no puede tener recuerdos. Y eso que aquella pandemia, la que mató entre 1918 y 1920 a 100 millones de personas en todo el mundo, también golpeó a su pueblo. «Entre Valgañón y Anguta murieron 17 personas. Afortunadamente él no tuvo problemas», explica uno de sus hijos, ahora intermediario de sus recuerdos para facilitar una conversación que arrastra secuelas del último ictus.

Con el coronavirus no tuvo tanta suerte y se infectó. Pero es el virtual ganador de la batalla. «Ha tenido fiebre, tos y todos los síntomas». Lo confirmó la prueba y lo ratificaron las placas que detectaron pequeñas afecciones pulmonares. Ahora, tras dos semanas «más flojo y apático» encara la recta final de una recuperación que ha podido completar en su domicilio.

Germán González, el día de su cumpleaños.

Una muesca más en una trayectoria vital que le permite presumir de haber vivido en primera persona todos los grandes acontecimientos de este siglo y del anterior. En Valgañón comenzó a estudiar antes de, siguiendo los pasos de su padre, secretario del Ayuntamiento, trasladarse a Nájera, Haro y Lerma, en donde le sorprendió la Guerra Civil. Le tocó el bando nacional, llegó a alférez provisional y colgó el uniforme tras conocer a su mujer en Oyarzun (Guipúzcoa) para regresar a su tierra, a Logroño, trabajar en la delegación de abastecimientos y formar una inmensa familia.

«Siempre le decimos que si nos tiene que dejar alguna herencia, que sea la genética», bromea uno de sus hijos recordando la inmensa fuerza de voluntad y sacrificio de su padre, que todos los días dedica parte del día a leer, a escribir «a máquina», a pasear (hasta el estado de alarma seguía saliendo con cierta regularidad), a hacer ejercicios y al vermú, que no perdona ningún domingo. Pese a los ictus; pese al coronavirus.

El pasado día 10 cumplió, y sopló, 102 años. «Fue un cumpleaños muy especial» en el que se reunieron, a través de Internet casi 30 personas entre hijos y nietos

Eso también le ha ayudado a hacer más llevadera la convalecencia del COVID-19 y el confinamiento. «Lo lleva bastante bien, tiene mucha vida interior, es muy católico y se refugia en sus libros de la iglesia, de historia y en la reflexión». Los pequeños paseos por la terraza también ayudan.

Pero, sin duda, lo que más le ha ayudado en este último mes fue su cumpleaños. El pasado día 10 cumplió, y sopló, 102 años. «Fue un cumpleaños muy especial» en el que se reunieron, a través de Internet casi 30 personas entre hijos y nietos. «Fue muy emocionante, uno de los mejores, y el que más vamos a recordar todos. Disfrutó un montón, tomó tarta y brindó y se bebió su copa de champán», fiel a una de las máximas que sigue a rajatabla: «Si estoy vivo, hay que seguir de la mejor manera posible». Germán González. Superviviente.