Unas palabras de san Josemaría en un mural pintado por 2.000 alumnos

La frase que han elegido en el colegio Tajamar la pronunció el fundador del Opus Dei el 1 de octubre de 1967 en el salón de actos del colegio vallecano, en una tertulia con las familias del barrio: ​“Se pasó el tiempo de dar perras gordas y ropa vieja; hay que dar el corazón y la vida”.

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“Se pasó el tiempo de dar perras gordas y ropa vieja; hay que dar el corazón y la vida”. Hace medio siglo que San Josemaría dirigía estas palabras a quienes le acompañaban durante su primera visita a las instalaciones del colegio Tajamar.

Sus palabras quedaron grabadas en la memoria del personal docente y de las familias del barrio de Vallecas que le acompañaban, e incluso se conserva algún archivo sonoro del encuentro. Pero para celebrar el 60 aniversario del centro educativo el equipo directivo ha decidido ir más allá, y tatuarlas en uno de sus muros a través de un mural colectivo plasmado por las manos de sus 2.000 alumnos, bajo la experta mirada del equipo de artistas callejeros de Boa Mistura.

Desde el lunes 1 de octubre, durante dos días completos y en turnos de media hora, los estudiantes desfilaron por cursos delante del muro para pintar lo que su imaginación les sugiriese, sin pautas ni guiones preestablecidos, al dictado únicamente de su creatividad. El objetivo era que todos dejasen en Tajamar la huella de su paso por el colegio: desde las diminutas manos de colores de los niños de Educación Infantil hasta los dibujos y versos de los alumnos de Secundaria, o las peticiones de libertad, igualdad y solidaridad de los estudiantes de Bachillerato.

“Todos los alumnos pintaron libremente lo que quisieron, fuera cual fuera su origen, ideología o religión”

“Todos pintaron libremente lo que quisieron, fuera cual fuera su origen, ideología o religión. Había banderas españolas y banderas republicanas, caricaturas y letras de canciones… Todo lo que se les ocurrió lo plasmaron.

Al principio parecía un caos de colores. Hubo profesores que no lo veían claro y dudaban de que aquello fuese a salir bien, pues sólo se percibían dibujos desordenados, unos encima de los otros. Pero el último día, cuando vieron el resultaron, entendieron que los dibujos de todos los alumnos eran imprescindibles para formar el mural y dar contenido a la frase”, explica Alfonso López, responsable de Comunicación del centro educativo.

La intervención forma parte del proyecto ‘Libres y punto’, que Tajamar ha diseñado para mostrar la diversidad de razas, procedencias, clases sociales o enfoques presentes en sus aulas.

Cuando todos los alumnos habían dejado su huella en la pared, el equipo de Boa Mistura –a quienes se le encargó el trabajo– utilizó un rodillo con pintura blanca para enmarcar el aparente desorden de colores y dibujos en el interior de las palabras de San Josemaría, resaltadas sobre el fondo de color. Se trata de un método que estos artistas urbanos han empleado ya en numerosas intervenciones en ciudades como Argel (Argelia), Querétaro (México), Ciudad de Panamá (Panamá), Rio de Janeiro (Brasil), San José de Costa Rica, Asunción (Paraguay) o Wakefield (Reino Unido), entre otras, y que han bautizado como Taller de Simbiosis.

El mural, de cuarenta metros de largo por dos de alto, ha hecho que todos –alumnos y profesores–, se unieran en un mismo proyecto para hacer brotar belleza de la diversidad. La intervención forma parte del proyecto ‘Libres y punto’, que Tajamar ha diseñado para mostrar la diversidad de razas, procedencias, clases sociales o enfoques presentes en sus aulas. Lejos de dificultar la convivencia, esa diversidad es integrada como uno de los pilares de su programa educativo.

Como sucedió con aquellos árboles, plantados hace medio siglo, la frase de San Josemaría será contemplada por las sucesivas generaciones de alumnos de Tajamar.

Además, la finalidad era involucrar a todo el centro. “Se trataba de hacer algo que implicase a los alumnos y permaneciera en su memoria, como cuando en los años 60 y 70 los estudiantes y los profesores plantaron juntos los árboles del patio, que hoy dan sombra en los recreos”, relata López.

Como sucedió con aquellos árboles, plantados hace medio siglo, la frase de San Josemaría será contemplada por las sucesivas generaciones de alumnos de Tajamar, cada vez que acudan a jugar al campo de fútbol, colindante con el muro. El lema “hay que dar el corazón y la vida” formará parte de su entorno cotidiano, incluso se llenará de pelotazos, pero, como subraya López, “al final seguirá brillando en medio de la vida y de los juegos de los chavales”.

San Josemaría: “Se pasó el tiempo de dar perras gordas y ropa vieja; hay que dar el corazón y la vida”.