Centro diurno para ancianos en Roma

Ayudar a los demás es un compromiso que obliga a pasar de las palabras a los hechos. Los responsables del Campus Biomédico de Roma -una obra corporativa del Opus Dei- y el actor de cine Alberto Sordi compartían el deseo de ayudar a los ancianos de la ciudad. Así surgió el CESA.

Una revista a todo color, una compañía de teatro, un taller de alta costura; excursiones culturales, paseos por la naturaleza, vacaciones de verano; un ambiente agradable, un grupo de amigos, una ocasión para trabajar en equipo...

Ésta es una pequeña muestra de lo que ofrece el Centro Diurno para Ancianos Frágiles de Trigoria; pero, sobre todo —y esto es lo más importante—, un lugar donde el anciano es valorado y recibe ayuda para seguir creciendo como persona.

Ruggero, Ennio y Adriano constituyeron con algunos amigos la Asociación Alberto Sordi, en el año 2002. En su génesis se encuentra el deseo de ayudar a tantas personas mayores, que ya no pueden servirse completamente por sí mismas.

En esta iniciativa el anciano es valorado y recibe ayuda para seguir creciendo como persona.

En no pocas ocasiones, por el ritmo de vida acelerado que se lleva en la sociedad occidental actual, los más mayores no pueden ser atendidos adecuadamente por sus familias; y no es raro que los problemas económicos, asistenciales u organizativos que suelen originarse en estas situaciones, lleven al olvido de que el anciano es, en primer lugar y ante todo, una persona frágil y necesitada.

A consecuencia de esto, mucha gente mayor se siente sola o inútil, vive encerrada en un mundo de preocupaciones, de inseguridad afectiva o económica, y mira al futuro con miedo o carente de toda ilusión.

En el año 2001, la Universidad Campus Bio-Médico de Roma -una obra corporativa del Opus Dei- puso en marcha en Trigoria el CESA: Centro para la Salud del Anciano, dedicado a la asistencia médica y a la investigación de las patologías de la tercera edad.

Junto a la atención médico sanitaria en esas instalaciones se desarrollaría también una labor de carácter social. Cumpliendo el deseo del actor italiano que le da nombre y que donó los terrenos sobre los que se levanta el CESA, la Asociación Alberto Sordi creó el Centro Diurno para Ancianos Frágiles.

Nadie pone en duda que en la infancia, en la juventud o en la madurez vale la pena invertir en formación. En el Centro Diurno se da un paso más y también se apuesta por la formación del anciano, en quien permanecen bastantes potencialidades y que siempre puede seguir creciendo como persona.

El objetivo primario es ayudar a mantener —y cuando es posible recuperar y potenciar— las capacidades psico-físicas, para que en la medida de sus posibilidades el anciano lleve una vida activa y gratificante. En el fondo se trata de lograr que las personas mayores recuperen su dignidad, se sientan útiles y vivan felices.

Muchas investigaciones han demostrado que la pérdida de las facultades mentales no se debe tanto a la elevada edad, como a la falta de ejercicio, de estímulos intelectuales y de vida social. Por esto, siguiendo la metodología del hacer, se organizan actividades que ayudan a mantener en ejercicio las facultades de la persona. Son actividades variadas, que se desarrollan en grupo.

El acento se pone en el hacer, buscando que todos sean protagonistas y no espectadores. No son un fin en sí mismas, ni se organizan para ocupar el tiempo; el objetivo es contribuir al desarrollo de la persona en todas sus dimensiones: espiritual, relacional-afectiva, intelectual y corporal.

"Después de mucho tiempo, mi madre ha querido volver a la peluquería. Hasta hace un año, leía poesías al abuelo... Ahora soy yo quien le escucha recitarlas". Con frecuencia se oyen frases como éstas en boca de los parientes de los ancianos que acuden al Centro. Es un fenómeno que se comprueba una y otra vez: al cabo de un tiempo, muchos recuperan la ilusión por vivir. En principio, al Centro se viene tres días a la semana; pero, si la persona mayor lo desea, puede ampliarse a cinco. La inscripción nunca es inferior a tres meses: un tiempo mínimo para introducirse en el ambiente y sacar provecho.

En el fondo se trata de lograr que las personas mayores recuperen su dignidad, se sientan útiles y vivan felices.

Una jornada corriente transcurre de la siguiente manera. Hacia las 9.30 de la mañana llega el autobús que ha recogido en casa a los ancianos. La primera actividad, de una hora de duración, es la reseña de prensa: un moderador presenta los principales sucesos que aparecen en los periódicos de la jornada y propone un debate, animando a participar. De esta manera, se combate la automarginación a la que tiende la persona mayor.

A continuación, quienes lo desean realizan un rato de gimnasia suave, que precede a los laboratorios. Hay posibilidad de elegir entre: carpintería, sastrería, informática, decoración... En todas estas actividades hay un grupo de voluntarios que colaboran con ellos y procuran que todos se apliquen con éxito al trabajo. Los laboratorios ayudan a que se recupere la sensación de utilidad y a saborear la satisfacción de la tarea bien hecha. Muchas de las manufacturas se venden después en una feria organizada por el Centro, y con los trajes confeccionados en el laboratorio de sastrería se organiza todos los años un concurso de disfraces.

La comida la hacen todos juntos, ancianos y voluntarios. Se procura que haya un ambiente familiar, para que los mayores se encuentren a gusto. Después se tiene un rato de tertulia, y por la tarde comienzan de nuevo las actividades. En esta ocasión, además de los laboratorios, a última hora se da entrada a dos talleres estrella: la editorial y el teatro.

Sotto il sole di Roma es el título de la revista que edita la Asociación y que realizan los ancianos, bajo la dirección de un experto. Se publica a todo color, con entrevistas y artículos en los que se describe la vida y las actividades del Centro. La revista contribuye a que los mayores recuperen su imagen en la familia.

El teatro comenzó con la representación de breves escenas cómicas, para pronto pasar a la preparación de obras enteras. Esta actividad tiene efectos muy benéficos: hace trabajar la memoria, combate la tendencia al aislamiento y obliga a presentarse en público. Cada obra se prepara durante seis o siete meses, y en la mayor parte de ese periodo al teatro hace girar en torno a sí las demás actividades: en carpintería se preparan decorados; en sastrería, vestidos... La "Compañía de los ex-jóvenes", que así se llama, ha organizado ya varios espectáculos: por ejemplo, ha actuado para ancianos de distintos centros sociales.

A lo largo del año se realizan muchas otras actividades. Vive tu ciudad es un programa de salidas culturales por Roma y sus entornos, visitas a museos...; El vivero reúne a los ancianos que tienen amor por la naturaleza y las plantas; el Laboratorio de música ha grabado dos espectáculos radiofónicos, que se han distribuido en un cd para el gran público; en los últimos dos años, muchos ancianos del Centro han pasado quince días de vacaciones en Chianciano, una pequeña población que cuenta con aguas termales. También hay cuatro fiestas tradicionales: en otoño, la fiesta del voluntario; en invierno, el carnaval del anciano; el mes de abril se dedica a las familias; y en verano, se celebra el aniversario del Centro.

Siguiendo las orientaciones de Juan Pablo II en la carta que dirigió a los ancianos, en octubre de 1999, desde la Asociación se está creando un corpus doctrinal que ayude a comprender la ancianidad como una etapa más en el crecimiento de la persona.

Como se explicó al principio, la actividad de la Asociación no es médica, pero al centrarse en la dimensión global de la persona y, dada la estrecha unidad de cuerpo y alma, también tiene repercusiones positivas sobre la salud. Recientemente, se presentó un médico en Trigoria. Dos de sus pacientes habían comenzado a frecuentar el Centro Diurno para Ancianos Frágiles y, ante la mejoría que comprobó en su estado anímico y de salud, quiso conocerlo personalmente. Quedó encantado con todo lo que vio y, como primera medida, animó a su madre para que se incorporara al programa de actividades. También, trasladó el esquema del Centro a su parroquia, donde un grupo de voluntarios han comenzado a organizar actividades para ancianos tres mañanas a la semana.

Un sacerdote del Campus celebra la Santa Misa en la capilla del Centro dos días a la semana y atiende espiritualmente a las personas que lo desean. Muchos ancianos han vuelto a la práctica de la fe tras inscribirse en Trigoria. También para los voluntarios de la Asociación esta actividad supone un fuerte impulso para su vida cristiana, y ya hay varios que asisten a un Círculo de Cooperadores.

Las personas que trabajan en la Asociación son conscientes de que, ante el aumento de la esperanza media de vida y el progresivo envejecimiento de la sociedad, están abriendo camino en un campo de vital importancia y en el que todavía queda mucho por hacer. Los gobiernos regionales y locales están poniendo en marcha centros de este tipo y es un momento muy bueno para transmitir experiencias.

Siguiendo las orientaciones de Juan Pablo II en la carta que dirigió a los ancianos, en octubre de 1999, desde la Asociación se está tratando de crear un corpus doctrinal que ayude a comprender la ancianidad como una etapa más en el crecimiento de la persona. Actualmente está en marcha un proyecto de investigación en colaboración con el departamento de Antropología de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz y el de Bioética del Campus Bio-Médico, en el que se tratan de unir los aspectos teóricos y prácticos.

Lo que hasta aquí se ha narrado es sólo el comienzo de una labor que presenta un vasto panorama. Hace poco murió la madre de un voluntario de la Asociación, que comenzó a colaborar en el Centro para acompañarla. Aunque ella ya no esté, esta persona ha decidido seguir ayudando. Sucesos como éste confirman que esta labor contribuye a la construcción de una sociedad más humana.