Debemos estar convencidos de que vale la pena luchar por Dios

Tertulia del Prelado del Opus Dei Fernando Ocáriz en Costa Rica, con Supernumerarias, cooperadoras y amigas

Opus Dei - Debemos estar convencidos de que vale la pena luchar por Dios

El Prelado del Opus Dei, Fernando Ocáriz, estuvo hoy (28 de enero) en Costa Rica, en el colegio Iribó, donde lo esperaban más de doscientas supernumerarias, cooperadoras y amigas.

El Padre inició hablando de la importancia de la alegría, “el deseo de Dios es que estemos contentos, que nuestra alegría sea completa; esto se logra con su gracia y ayuda, para ser felices hay que tener un corazón enamorado de Dios y él nos dará la fuerza para querer a todos: familia, amigos y compañeros”.

La primera pregunta fue de Marjorie, quien cumplirá pronto 55 años de casada; le planteó cómo comprender y darnos cuenta de que tenemos mucho que aportar a nuestras familias. El Padre respondió que debemos conocer a Cristo, tratarlo y llevarlo a todas partes en respuesta a todo lo que él nos ha dado.

Luego, el Prelado le respondió a Jéssica, quien es de Perú y llegó a Costa Rica por situaciones laborales, que para dar más testimonio a matrimonios y conocer más parejas es necesario aprovechar las situaciones para conocer más gente, pedir luces, y hacer el esfuerzo de sacar tiempo, esforzarnos en aprovechar el tiempo.

Por otra parte, don Fernando comentaba que, para que los jóvenes se acerquen a Dios es necesario buscar una amistad muy cercana con ellos, que conozcan a Jesús y lean el evangelio poco a poco.

Además, resaltó el valor de la fraternidad en las familias, amigos y colegas, que requiere de un esfuerzo espiritual. Para entender a las personas que piensan diferente debemos ver en ellas primero lo mejor de cada uno, lo más positivo. Todos valemos muchísimo y ante esa realidad no caben distinciones: las diferencias deben llevarnos a querernos y valorarnos más. Esto lo comentó en respuesta a la pregunta de Gabriela Mora, madre de 7 hijos, quien quería alguna sugerencia sobre cómo practicar la fraternidad en ambientes donde seres queridos piensan tan diferente.

Además, Claudia, preguntó, ¿cómo no desanimarnos en el apostolado, cuando la gente solo piensa en que no tiene tiempo? El Padre recomendó no desanimarse, y acordarse de lo mucho que le costó a San Josemaría sacar a la Obra adelante. Es necesario tener conciencia de que nuestro trabajo nunca es en vano.

El Prelado resaltó el papel de las y los cooperadores quienes apoyan la labor de la Obra para que salga adelante en sus diferentes iniciativas.

La última en preguntar fue Laura, casada, quien a pesar del poco tiempo que quedaba aprovechó para hacer dos preguntas al Padre: la primera sobre cómo dirigir el apostolado a favor de la vida y la segunda cómo hablarles a los jóvenes recién casados para perseverar en su matrimonio, debido al poco interés que existe en estas generaciones al compromiso.

El Padre respondió a la primera pregunta que debemos sensibilizar a las otras personas que el aborto es un asesinato a un inocente; es una persona distinta y debemos animar a vencer la inercia, a no dejarse llevar por la corriente. Respecto a la segunda pregunta respondió, “cuando un matrimonio se rompe muy rápido es porque hay falta de amor, y el amor no es la ilusión inicial, que eso pasa; el amor es desear el bien de la persona. Debemos enseñar qué es el amor a los más jóvenes”.

El Padre finalizó recordando que debemos rezar por el Papa.