Catequesis en Kazajistán

Bazargeldy es el típico pueblo de Kazajistán: algunas casas antiguas, ancianos sentados en los bancos de la calle, y niños correteando por todas partes. A primera vista, este pueblo es como todos los demás. Pero no es así, porque en Bazargeldy hay un Sagrario.

Bazargeldy es un pueblo situado a 50 kilómetros de Almaty, la ciudad en la que vivo. En esta aldea hay un número relativamente alto de descendientes de personas que fueron desplazadas por la fuerza desde Ucrania, Rusia o Polonia durante la épica comunista. Aunque la mayoría son católicos u ortodoxos, en los últimos años no han podido practicar mucho su fe, pues no había sacerdotes.

Desde hace poco, ese problema ya no existe: a Bazargeldy acude ahora un sacerdote argentino a quien ayudamos en la formación de los más jóvenes.

Los segundos sábados de cada mes me traslado a Bazargeldy con varios chicos que asisten a actividades en el Centro del Opus Dei de Almaty. Entre otros, vienen Aliosha, Seriozha y Andriey. Después de una hora en coche –que aprovechamos para rezar el Rosario- llegamos al pueblo y empezamos las lecciones de catecismo.

Delante de la capilla de Bazargeldy.

En la iglesia donde celebramos la catequesis aún huele a pintura: hace 4 meses un fuego destruyó todo, por lo que tuvimos que rehacerla. Nada más entrar, los chicos se sientan y abren sus pequeños catecismos.

Para que no se aburran, organizamos competiciones. Por ejemplo, hoy les he dicho que el tema del que hablaríamos tiene 9 letras, y ellos tienen que acertarlas: por cada letra errónea, pinto un trozo de un muñecote ahorcado: primero una mano, luego un pie... Pero antes de completar mi dibujo, han acertado la palabra: se trata de la “Confesión”.

El mejor jugador tiene 13 años, y se llama Sergiey, que siempre viene acompañado por sus dos hermanos.

Aliosha y Seriozha me ayudan mucho a hablar con todos los chicos. Y ya vamos logrando algunos frutos: en la pasada Semana Santa, un niño recibió el bautismo y la Primera Comunión. Y otros acudieron a dos días de retiro espiritual.

Tras la catequesis hacemos alguna otra actividad: una obra de teatro, una batalla de bolas de nueve, o un buen partido de fútbol.

Tras un sábado lleno de actividades, despedimos a los chicos y a sus familias y volvemos a Almaty. Damos gracias a Dios porque la fe va cobrando vida de nuevo en este pequeño pueblo kazako.